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lunes, 19 de julio de 2021

En la pista l

El maestro de ceremonias no sale y en las gradas el público distraído. De pronto el mago ya está en la pista con la capa negra y la mujer dispuesta en la caja. Es vieja y está cansada y si verdugo la presenta pintada exageradamente, en los labios una sonrisa falsa y roja. Podrá pensarse que está de pie sostenida solo por las paredes de metal que la rodean y de repente la espada brilla en el aire y por la imágen de colores del frente del se clava en la ranura del pecho.
No vemos la sangre desde las gradas, pero estábamos expectantes del último estertor y de la reverencia final del cirujano que no será llamado asesino. 

domingo, 18 de julio de 2021

Lo no dicho

Porque se construye de a poco. Porque los puentes son endebles todavía. Porque nos encontramos misteriosamente. Porque trabajamos en las diferencias. Porque nos pertenecemos. Porque somos nosotros contra el mundo. Porque hablamos de lo que podemos cambiar. Porque creamos otros mundos posibles. Porque nos movemos juntos. Porque somos felices...

Y porque seguimos luchando juntos. Y porque el respeto es la base de la comunicación compartida. Y porque los proyectos se concretan. Y porque los caminos se transitan. Y porque los acuerdos se materializan y nos encierran. Y porque desde afuera de estas paredes nos acecha el ruido.

Pero no porque no supimos comprender las distancias, ni porque no superamos los duelos, ni entendimos los matices, ni porque no separamos los anhelos, ni por el ansia de saltar agarrados de las manos. 

Un día simplemente ya no hubo nada que decirnos.



lunes, 2 de abril de 2012

Buenos Aires es linda para arriba. Mi caso es caminar hasta que Entre Rios se vuelve Callao o desde que Rivadavia juega a ser Avenida de Mayo. Y tratar de capturar con los ojos los balcones, las columnas, las cupulas. Profana de arquitectura y arte decorativo, lo que me impresiona es el esfuerzo y el amor por el detalle. Pienso en los abuelos de mis abuelos que se inventaban una cuidad para pocos. Y ahora somos demasiados. Y me dan vueltas en la cabeza los olores y las caras desde el piso. De nuevo me quedo absorta en la bandada de palomas. Sobre todo, porque ellas si pueden volar.

sábado, 20 de marzo de 2010

La locura literaria

Hay cosas que uno lee en los libros y a fuerza de repetirse adquieren cierta entidad, como de recuerdos prestados. Son las situaciones críticas que ya forman parte de los clásicos, de lo universal. Siempre me impresionó en este sentido la génesis de la locura. En las novelas románticas de heroínas, el relato de la pérdida de la razón suele constrirse a partir de pinceladas sombrías e incrementales, llevando lentamente a la degradación. Capítulo aparte para la demencia de las madres, una de las causas más terribles de la horfandad prematura, especialmente en los personajes de las niñas. La evocación de una desolación injusta y funesta se completa a partir de este incidente. Las descripciones de asilos y hospitales mentales, en los que se enmarca la degradación física y moral de las protagonistas completan el sino trágico de la narración. En casos como este, felizmente la realidad no se compara a la ficción.

miércoles, 17 de marzo de 2010

Sobre los hombros

Una cartera incómoda, una mochila pesada, un desubicado puñado de caspa sobre un saco de paño negro. O caca de paloma, o un mechón de pelo sospechoso, demasiado significativo en abundancia para ser ignorado. Una palmada de aliento condescendiente, un llamado de atención. O hasta un chal comprado entre regateos con alguna artesana del interior. Penden muchas cosas de los hombros sucesivamente. A lo largo de la vida. Como una metáfora de lo que cambia en forma incremental, lenta y apenas pareceptible. Un día creía ser feliz. Al día siguiente comencé a cuestionarlo todo, y me aferré a esa lucha por algún tiempo. Y entonces comecé a ganar terreno. El mundo comenzó a parecerse a mis deseos. Mis versiones de los hechos se tornaron realidades. Se alzó ante mí, casi ineludible, la voluntad. Y fue responsable. Ya no sólo por ella, o por los anhelos, o incluso por las omisiones. También por los otros, incluso por aquellos que me precedieron. Desde entonces esa fuerza comenzó a transitar más lentamente hacia los objetos, a fluir despacio en un cauce de paciencia y reserva. Como se me había enseñado. Descubro entonces un nuevo peso sobre mis hombros, infinito, indescriptible. Pero sonrío y continúo caminando.